Un poco sobre mí
Crecí tarareando jingles y jugando con las cámaras de mi padre, así que supongo que era cuestión de tiempo que acabara aquí.
Bastante pronto entendí que la publicidad tenía algo que me fascinaba: esa capacidad de colarse en la cabeza, remover algo y quedarse.
Y me gusta la fotografía por casi lo mismo: obliga a mirar de verdad.
Entre una y otra fui encontrando mi manera de trabajar: partir siempre de una idea y empujarla un poco más allá de lo evidente.
Ahí es donde la IA ha entrado en el proceso. No como sustituto, sino como una herramienta para explorar más y mejor: probar caminos, deformar conceptos y descubrir posibilidades que no aparecen si te quedas en lo primero que funciona.
Al final, ya sea en publicidad, imagen o IA, trabajo siempre desde el mismo sitio: el concepto. Porque todo lo demás —el formato, la herramienta, el medio— es solo la forma de hacerlo visible.
Mi trabajo y yo
Me gustan los proyectos que no tienen una respuesta clara desde el principio. No tener todas las respuestas es, precisamente, lo que hace que merezca la pena.
Me interesa trabajar con ideas que tengan sentido. De las que, cuando las ves, encajan. No porque sean evidentes, sino porque funcionan.
Durante mis prácticas en agencia trabajé en contenido digital y campañas para distintas marcas, entendiendo cómo se construyen mensajes en entornos donde todo compite por unos segundos de atención y cada formato pide algo distinto.
Pero más allá del formato, lo que realmente me interesa es el proceso: pensar, probar y ajustar. A veces desde la palabra, otras desde la imagen, y también utilizando herramientas como la IA para poner a prueba las ideas.
Busco ese punto en el que todo encaja. Cuando una idea deja de ser solo una idea y se convierte en algo que conecta.
Delirios
Lo de los delirios no es casual.
Tiene que ver con mirar las cosas de otra manera. Con mezclar lo que, en teoría, no tiene relación. Con encontrar ideas en sitios donde no estaban pensadas para estar.
A veces empieza desde la imagen. Otras, desde una frase. Y muchas veces, desde algo que no termino de entender del todo al principio.
A veces es tan simple como una forma, un gesto o un patrón que se repite.
Ahí es donde aparecen los delirios.
No como algo caótico, sino como una forma de explorar. De probar combinaciones, de deformar lo evidente y de llevar una idea un poco más lejos.
Luego llega el momento de ordenarlo todo. De darle sentido, forma y dirección.
Pero ese primer impulso —el que no es del todo lógico— casi siempre está ahí.
Y sí, también hay alguna que otra obsesión inesperada. Pero eso ya forma parte del proceso.
